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Noviazgo Violento

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Estrés, depresión y riesgo de embarazo no deseado son algunas de las consecuencias de una relación asimétrica o de sometimiento. Qué señales indican que una pareja va en ese camino.

Sabemos que la violencia de género no distingue clases sociales. Pasa en las mejores familias.

Lo que se observa con preocupación es que las relaciones se vuelvan violentas cada vez a edades más tempranas. Y dado que quien “cae” en este tipo de vínculos suele repetir la experiencia, como si de un círculo vicioso se tratara, detectar este tipo de situaciones de manera precoz ayudará a prevenir males mayores en el futuro.

Desde el Ministerio de Desarrollo Social porteño observaron con alarma que una de cada diez consultas que reciben por violencia de género se trata de noviazgos violentos. Esta cifra llama la atención sobre una realidad que afecta diariamente a miles de mujeres jóvenes de todas las clases sociales. Las víctimas de los noviazgos violentos suelen ser mujeres de entre 14 y 21 años y los rasgos fundamentales de estas relaciones son la asimetría de poder y la dominación que ejerce uno sobre otro, el sometimiento y la posesividad, que llevan a la mujer a un estado de indefensión, caracterizado por el aislamiento, la baja autoestima, la negación de la situación y la dependencia emocional.

Las víctimas de los noviazgos violentos suelen ser mujeres de entre 14 y 21 años

Especialistas aseguran que la mitad de las mujeres adultas que conviven con parejas violentas afirmaron que las situaciones de violencia tuvieron su origen en el período del noviazgo. Además del maltrato psicológico y físico, los noviazgos violentos elevan en las adolescentes el riesgo de embarazo no deseado, de suicidio, de uso de sustancias ilegales, de desórdenes alimenticios y de conductas sexuales riesgosas.

En ese sentido, consultada por Infobae sobre los otros daños que acarrea tener una relación de este tipo, la doctora Nora Leal Marchena, secretaria de la Sección Violencia Social y Patologías Emergentes de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), destacó que “la violencia produce como respuesta una situación de estrés crónico“. “El cortisol liberado durante el estrés crónico adelgaza las capas neuronales produciendo alteraciones neurobiológicas y psíquicas que llevan a alteraciones emocionales y trastornos del pensamiento”, insistió la especialista, quien remarcó que “la baja autoestima produce síntomas depresivos, de ahí que sea tan importante en la consulta médica indagar estas cuestiones, porque suele suceder que la paciente se vaya con una receta de antidepresivo y las causas que originaron los síntomas siguen presentes”.

Pero ¿es tan fácil identificar un noviazgo violento? Porque se sabe que hay maltrato psicológico antes de llegar al maltrato físico, o quizá el golpe nunca llega pero la mujer se siente “atacada”. Es que a veces enmascarada en una escena de celos se esconde la violencia.

La titular de la cartera social porteña, Carolina Stanley, subrayó que “hay señales de alerta que son claros indicadores de una relación violenta”: los celos, la humillación, el sometimiento al silencio, el control del modo de vestir y de las salidas, la exigencia de que la novia tenga el celular siempre prendido y que responda sin demora” son algunas de ellas.

“La violencia emocional o psicológica aparece así disfrazada de amor y, si no estamos alertas, es poco visible y de manera lenta y progresiva va socavando las posibilidades de la joven de elegir libremente”, sostuvo la funcionaria.

“Cuando la imposición implica violación del territorio corporal o psíquico de otro, la relación se torna violenta”

En la misma línea opinó la doctora Leal Marchena: “Toda relación incluye actos de imposición mutua. Cuando la imposición implica violación del territorio corporal o psíquico de otro, la relación se torna violenta. La violencia implica una relación asimétrica”.

Consultada sobre qué señales de alerta deben observar los padres, la coautora del libro Violencia del apego a lo Social indicó que “algunos indicios de que un hombre podría ser violento contra una mujer lo marcan que él quiera ejercer el control sobre ella, que sea celoso y posesivo, que actúe con vigilancia excesiva o pretenda manejarle el tiempo y la agenda”. Así como “amenazarla, ocultarla de los amigos, desacreditarla, sentir o hablar de la mujer como si fuera de su propiedad” son otras actitudes que denotan violencia.

Y, según la especialista, que una joven aprenda a estar alerta a este tipo de cuestiones es un ejercicio que debe hacerse desde la crianza. “Estimular la autonomía, incentivar la lectura y el acceso a la información. Debe favorecerse la comunicación entre los miembros de la familia con participación democrática de todos en la que cada uno tenga claro su rol”, aconsejó, al tiempo que destacó que “promover las relaciones con otros chicos y la integración en el medio en que se desempeña (barrio, escuela, club, etc.), respetar los espacios y momentos de intimidad, incentivar la narrativa, favorecer el uso del lenguaje hablado y escrito son hábitos que aumentan la capacidad de simbolizar, de expresar mejor las emociones, es generador de lazo social, disminuye las actuaciones y los vínculos violentos”.

Repetir la historia, ¿de qué depende?

Suele ser difícil que la víctima de violencia se corra de esa relación. Y generalmente reinciden en este tipo de vínculos.

“La mayor vulnerabilidad de la mujer, a veces la falta de recursos económicos, el hecho de no tener un lugar adonde ir, la tendencia a desvalorizarse y culparse” son algunos de los factores que inciden en que muchas veces sea difícil correrse de una relación violenta. Además, la mayoría oculta el problema por vergüenza, con lo cual tampoco tiene un grupo de pertenencia en donde resguardarse.

En ese sentido, muchas víctimas de violencia suelen repetir la experiencia eligiendo parejas violentas. ¿La causa? “Baja autoestima, historia de violencia familiar, bajo nivel de instrucción y escasa contención de su propia familia”, enumeró Leal Marchena, quien enfatizó: “Hay una tendencia recurrente a perpetuar las condiciones familiares conocidas. Estos síntomas aparecen con mucha más frecuencia cuando se padece violencia en la infancia”.

Para Stanley, “es posible salir de las situaciones de violencia y superar las secuelas del maltrato por parte de la pareja. Para ello es necesario que las jóvenes y sus padres presten atención a las señales y que busquen ayuda especializada“.

La línea telefónica gratuita de asistencia social 0800-666-8537 funciona las 24 horas todos los días del año y brinda asistencia especializada, orientación y derivación tanto a las mujeres víctimas de violencia de género como a los niños y niñas víctimas de maltrato y abuso infantil. Además, el Gobierno de la Ciudad cuenta con un cuerpo de profesionales que brindan desde asistencia psicológica hasta asesoramiento jurídico durante de las 24 horas. Por V. Chavez Info bae

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